viernes, 5 de octubre de 2012

¿Lo has necesitado?

 Y qué importa el sonido de la lluvia, de las risas lejanas, el sonido a soledad. Qué importan las estaciones, la lentitud, las miradas o las prisas. Dime, qué importa el qué pensar, el como gastar el tiempo. Qué más da si aceleras el anunciado final.
 Quizá sea más sencillo huir, no hay nada que lo impida. Quizá no merezca la pena conservar aquellas palabras en papel mojado. Serías más sencillo eliminar ese momento, esa estúpida sinceridad. 
(...) No importa, el eco siempre vuelve, hay sensaciones de las que no se puede huir. Hay algo que siempre se repetirá, no importa el tiempo o el lugar. No te esfuerces en recordar... el recuerdo llegará si es necesario, si no es así no fuerces algo que no deseas.

 Ahora existe ese escondite real, ese muro inalcanzable. No volverá a ocurrir, la distancia perdurará. 

No quiero que me conozcan, así es más sencillo.
"Ríndete."
 


sábado, 1 de septiembre de 2012

Runnin' away


"Porque el amor, cuando no muere, mata. Porque amores que matan nunca mueren."

Pero no nos engañemos, ya no estará ahí. A veces no importa que lo intentes, a veces no importa la intención o las ganas de hacer posible ese deseo. A veces tan sólo importa ese momento exacto, ese instante perfecto en el que necesitas de esa mirada, de ese abrazo, de esa calidez instantánea. Y, quizá, eso no estará. No existirá el abrazo perfecto, la inesperada presencia, el correr y encontrar o el hacer sonreír. No existirá... no de la misma forma, no de la persona que debería ser.







Proporción opuesta.


Sin saber cómo ni por qué salió a la luz la perfecta proporción opuesta en nuestras  ganas. Mis ganas de abrazarle se transformaron es sus ganas de huir. La prisa por encontrarnos quedó velada por el correcto horario establecido. El saludo olvidado quedó sembrado de odio y, a su vez, no existió la dulce e indeseada despedida. La distancia entre nosotros quedó sumida por la prisa y las ganas de no vernos.
 Y, tras este caos, la sonrisa se transformo en una mueca que tapaba el ya disimulado dolor.

miércoles, 29 de agosto de 2012

De lluvia y demás.




 Os contaré un secreto. Mi corazón jamás latió con fuerza por una mujer, pero siempre mantuve oculto un instante perdido en el tiempo, algo sin importancia, pero que pudo ser real. O quizá fue mi imaginación, mi ego absoluto sobre todo lo que me rodeaba. Quién sabe, quizá para ella no fue nada, pero seguiré pensando que fue real.






 Un mal día, un día de esos en los que todo parece salir mal. Discusiones con la chica del momento, un mal entrenamiento, una incomodidad acomodada en mí. Un mal día. Y llueve, con fuerza, con ganas, como si el cielo quisiera burlarse de mí. Cargo, como siempre, con la vieja bicicleta que hace que el camino a casa sea más llevadero... excepto cuando llueve. Así que aquí estoy, parado en un portal observando la lluvia que no cesa, sabiendo que me espera un largo camino cargado de malos pensamientos. Ando, ando por esa calle interminable. Ando hasta ver algo que llama mi atención, algo que destaca bajo ese manto gris que cubre toda mi adorada ciudad. Esa luz roja, ese destello en mitad de la nada llama mi atención. Y esa oscura silueta se vuelve, lentamente, hacia mí. Me quedo parado, dudando de lo que se avecina, vacilando sobre dar un paso atrás. Y, entonces, nuestras miradas se cruzan. Unos profundos ojos azules se clavan sobre mí, su pelo cubre parte de su rostro y, por supuesto, no sonríe. Un escalofrío me recorre sin saber por qué. Nos conocemos, es obvio, compañeros de esos que no hablan a no ser que sea estrictamente necesario. Sin embargo ahí está, parada, esperando a que me aproxime hasta ella. Un mismo camino que jamás tomamos juntos. Y me paro frente a ella, no cruzamos palabra, tan sólo un gesto. Ella me cubre con su paraguas y caminamos juntos, sin hablar, sin mirarnos, hasta llegar al punto final. Ella seguirá su camino, yo ya llegué a casa. Estoy empapado, tanto como lo está ella. Y una nueva mirada, un "gracias" poco efusivo y un tranquilo "hasta mañana". La veo alejarse, no se gira en ningún momento. La observo hasta que la lluvia ahoga sus pasos y su silueta no se deja reconocer. Y entonces corro, la persigo sin saber por qué, la persigo hasta ver que entra en su propia casa. Y me quedo allí como un idiota, bajo la lluvia que no cesa, allí esperando que ella se gire. Esperando volver a temblar. 

Standby

Siempre en estado de espera.

 Acabó las últimas gotas de vino, vertió la tinta sobre papel mojado y alzó la vista hacia un cielo, de nuevo, cubierto de gris. Un nuevo instante perdido, una llamada que jamás llegó.
 Y esperar. 
 Un ruido tan huérfano como distante, tan vacío, unas letras que jamás volvería a entender. Trazos borrados  tras el derrumbe de ilusiones. Un "erase una vez" con un fin interrogante. Esperando...

 ...tanto. Tanto que acabó convertido en espera.

 


viernes, 3 de agosto de 2012

Falta menos, y a la vez falta tanto.


Despiértame, por una única vez haz que salga de este sueño infinito. Ven y arráncame de las sábanas que me ataron a su olor. Arrástrame a tu juego, concédeme una derrota. Conviérteme en cenizas y hazme volar a tu ritmo, allí donde existan las sonrisas. Hazme sentirme valiente para hacer de ti la mayor cobardía, atrévete a retarme para poder vivir mi pesadilla. Detén el tiempo, haz eterna la noche, haz que no exista ese nuevo día.
 Despierta la melancolía, aquella con la que me hacías vibrar y, de nuevo, haz que caiga en este letargo. Cóncedeme un último baile y márchate sin mirar atrás, como siempre hiciste. 

 Y así, de una sencilla forma amaneció y la realidad lo inundo todo. Excepto ese momento y ese efímero adiós.